22 Enero 2010 (La Razon)
España por cuarta vez, desde nuestra adhesión, está presidiendo durante este semestre el Consejo de la Unión Europea. En el ámbito sanitario, seis son las prioridades que ha fijado el Gobierno: Desarrollo de nuevos mecanismos de vigilancia, control y seguimiento de los determinantes sociales de la salud y la disminución de las desigualdades; equidad en el acceso a una asistencia sanitaria de calidad como derecho de todos los europeos; un acuerdo que permita la rápida entrada en vigor de la Directiva de Donación y trasplante de órganos; búsqueda de la excelencia y la continuidad asistencial especialmente en el campo de las enfermedades no transmisibles; herramientas tecnológicas y el conocimiento en el ámbito de la salud; seguridad de los pacientes y la lucha contra el sida; revisión de las directivas sobre farmacovigilancia y medicamentos más seguros; seguridad alimentaria, especialmente el desarrollo normativo en materia de información al consumidor, nuevos alimentos e higiene de los productos alimenticios. Todas las propuestas presentadas son pertinentes, pero echamos en falta, espero que haya sido un olvido, algunos elementos claves para poder avanzar en el acceso a una asistencia sanitaria de calidad y una cartera de servicios en equidad para todos los europeos; especialmente incluir en la agenda la plena implantación de la tarjeta sanitaria europea, los derechos que conlleva, la movilidad real y el análisis del fenómeno conocido ya como «turismo sanitario». Asimismo, y siendo un asunto en el que hay consenso entre todos los partidos políticos, sería un momento adecuado para proponer la creación de una Agencia Europea de Enfermedades Raras, porque si queremos sumar esfuerzos y mejorar en la investigación y el tratamiento de las mismas, lo lograremos mucho mejor con la suma de los esfuerzos de los sistemas sanitarios y de investigación de todos los países europeos. Seis meses pasan volando. Esperamos que al terminar la Presidencia Española hayamos podido avanzar en todos estos ámbitos tan relevantes para la salud de los europeos, pues como ya señalaba el Tratado de Lisboa «una población sana es además un requisito indispensable para un crecimiento económico sostenible», que buena falta nos hace.
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